Relatos de fuego

27/Nov/2012

El País, Uruguay, Sábado Show

Relatos de fuego

ALBERTO SONSOLRebelde y pasional. Rebelde cuando a contrapelo de las costumbres de sus colegas, confesó que era hincha de Peñarol. Y ahora más rebelde al protestar contra un sistema que obliga a los periodistas deportivos, con él incluido, a vender publicidad para ganar dignamente. Alberto Sonsol como nunca.
Arrancó en el año 1984 transmitiendo básquetbol en CX42. Fue casi una prueba que salió bien. Tan bien que hoy, casi 30 años después, Alberto Sonsol es el relator indiscutido del deporte de los aros, y también relata fútbol en Sport 890, donde tiene su programa diario Quiero fútbol. En TV conduce 6 25 Básquet (Teledoce) y el clásico La hora de los deportes (TNU).
«He logrado todo lo que en un momento soñé. A mí hoy en el periodismo no me atemoriza nada. Relatar, conducir, lo que sea. Estoy disfrutando mucho de este día a día», asegura.
Pero un rebelde, un pasional, un hombre que dice que nació con el «fuego interno» del gusto por el deporte, no puede estar conforme. No le gusta algo y lo dice. Por ejemplo, lo que usualmente ocurre en los acuerdos entre los medios y los periodistas y que hace que estos últimos, aún los de renombre, también tengan que vender publicidad para cobrar un salario acorde. Lo dice con todas las letras: «No está bien que periodistas de trayectoria tengan que salir a vender sus espacios. Cualquier periodista uruguayo va a otro país y lo tratan distinto, le dicen que se dedique a lo que sabe hacer y nada más, que a fin de mes está su sueldo. En Uruguay, en cambio, si te hago el top ten de los periodistas de mayor trayectoria, la mitad son empleados con sueldos relativamente bajos o normales, y la otra mitad tiene que salir a vender el aviso porque si no, no comen. Tipos como (Sergio) Gorzy, (Alberto) Kesman, Toto (Da Silveira), (Julio) Ríos, (Juan Carlos) Scelza, que ya pasaron la barrera, su laburo tiene que ser el suyo y dedicarse a eso, solamente, no a vender. Yo te puedo asegurar que en los casos que te nombré, todos tienen que salir a vender. Si le erro, le erro en uno, y no sé si le erro. Yo estoy en esa lista también, por supuesto. He discutido con colegas de esto y me dicen: «el sistema es así». Pero no porque sea así tengo que estar de acuerdo».
Discutidor, generador de polémica pero no calentón en la vida privada. «Como soy al aire, soy fuera del aire. No tengo que hacer un personaje», confiesa.
Fue jugador de básquetbol (llegó a jugar en primera en Atenas) y de fútbol a nivel amateur. Está casado, tiene tres hijos. Y uno de ellos, Diego, es jugador profesional. Milita en Cerrito y el padre está orgulloso, aunque siente que aún no se le han dado las cosas que le gustarían. De todo habla este relator de fuego con Sábado Show.
-¿Cómo nació tu vocación por el periodismo?
-Siempre tuve pasión por el deporte. Por practicarlo primero. Aunque mal, fui jugador de fútbol y de básquetbol en mi adolescencia. Y a la vez tenía un gusto muy especial por el relato.
-¿En qué momento decidiste que ibas a ser periodista?
-Tenía 23 años. Me había ido a Israel, donde trabajé de todo, mozo, cadete. Se me hizo difícil porque no soy profesional universitario, soy profesional de la calle. Estuve un tiempo y ahí tomé la decisión: me vuelvo a Uruguay y a ser periodista. Muchos en aquel momento me dijeron que estaba loco, pero estaba decidido. Empecé en el `84 en CX42 con básquetbol y después pasé a Radio Centenario hasta que Alberto Kesman, con quien jugábamos al fútbol juntos, me hizo el contacto para entrar a Universal. Empecé el 12 de agosto de 1985. Siempre con básquetbol, pero tenía el fútbol en la mira. Fui haciendo mi camino en el básquetbol, y una vez que se entornó la puerta del relato de fútbol, me metí. Fue en el Mundial de Francia 98.
-¿Estudiaste periodismo?
-No. Cuando empecé en Universal, le pregunté un día al Dr. Ariel Delbono dónde podía perfeccionarme, y él me dio un consejo. No habían en ese momento los cursos de periodismo que hay hoy. Me dijo: grabate, escuchate y corregí tus errores. Lee mucho que te da vocabulario. A la larga, por más cursos que hagas, tiene que haber un fuego interno muy especial para ser periodista deportivo. Porque vamos en contra de la corriente. Cuando todo el mundo descansa, sábado, domingo, nosotros laburamos más. Si no te gusta esto como a mí, si no lo tomás como un laburo, sino como una terapia o diversión, no podés hacerlo.
-Desde hace un tiempo, en La hora de los deportes, están cada vez más sueltos, lanzados. ¿Cómo se dio eso?
-Yo estoy convencido de que la gente quiere cada vez más opinión, que te la juegues. Una cosa es ver los goles, tener la información de la fecha, pero la gente valora cada vez más la opinión. Y eso es La hora de los deportes. Un programa de radio, en TV con un panel pesado.
-Hablando de jugársela, tú te la jugaste al confesar que eras hincha de Peñarol. ¿Te trajo problemas?
-No, al contrario. Hay cosas del sistema uruguayo con las que no estoy de acuerdo y me rebelo. Si el 90% de los uruguayos son de Peñarol o Nacional, no puede ser que el 90% de los periodistas sea de Miramar, Wanderes o Sudamérica. Me parece mal que inventen. Yo lo dije. La gente no te va a juzgar por eso, sino por tu opinión y por tu honestidad. Lejos de generarme un problema el haber dicho que soy hincha de Peñarol, ha hecho que el fanático de Nacional me respete. Además, si Peñarol juega mal no tengo ningún empacho en decirlo.
-¿Qué otra cosa del sistema no te gusta?
-Hay una cosa muy complicada del sistema que hace que los periodistas, aún los de trayectoria, tengan que salir a vender sus espacios con publicidad. Te la llevo en gurises que recién empiezan que van haciendo sus primeras armas. Pero con gente de trayectoria que ya pasó la barrera no me parece. En otros lados, el periodista trabaja en lo que sabe hacer, y le pagan en consecuencia. En nuestro caso, además del fútbol, el básquetbol, los programas, la radio y la TV, tenemos que salir a vender publicidad. No me gusta, el sistema es así pero no me gusta. Yo creo que el periodista uruguayo es excelente; de repente debería esforzarse un poco más en algunas cosas, pero desde el punto de vista del fuego interno compite con cualquiera del mundo.
-¿Tienes amigos en el ambiente o hay cierta rivalidad?
-No, a mí no me gusta hacer periodismo de periodistas. Sería fácil si lo hiciera, si me pusiera a armar lío con los colegas, pero no me va. Yo armo lío sí, pero con mis compañeros y sobre el deporte, si fue penal o no, si el cambio está bien o mal hecho. Pero después ponerme a hablar de lo que dicen los colegas, no, no. Ya me pasó que tuve que llamar a dos o tres que estaban hablando de mí. Los llamé bien, les dije que no me nombren, que digan lo que quisieran pero sin nombrarme. Yo no hablo de los demás. Después, amigos sí he tenido. Óscar Avero, que falleció hace un tiempo, fue un gran amigo. A Sergio Gorzy lo conozco desde que éramos niños, hemos tenido momentos malos, pero tenemos una buena relación. Después, mis amigos no están en este ambiente.
-Tienes fama de calentón, ¿es solo la fama?
-Soy así, pero no tanto. Me dicen que soy gritón, pero en verdad hablo fuerte. No me enojo, me rebeló con las cosas con las que no estoy de acuerdo. Y en la vida privada, con mis amigos, soy igual, discutimos, discutimos.
-¿Qué te produce que tu hijo sea futbolista profesional?
-Por un lado una alegría bárbara y por otro, tengo la sensación de que todavía no se le han dado las cosas como me gustarían o como le gustarían a él. Este paso se dio después de mucho esfuerzo, de ir de cancha en cancha. Diego tiene 23 años, estudia en Facultad de Derecho y tiene un grupo de música, pero nada lo aleja del fútbol. Me tocó relatar cuando jugó contra Peñarol y contra Nacional. Lo tomé con naturalidad pero no podía olvidarme de todo lo que está atrás de un jugador, todos los días de llevarlo a las 8 de la mañana a entrenar. Todo eso para mí fue una parte preciosa de mi vida.
-En un momento dejaste de ser el relator de Sport 890 para luego volver. ¿Dirías que ese impasse fue el peor momento de tu carrera?
-No sé. Fue raro porque algo te falta, de golpe.
-Se dijeron muchas cosas… que debías dinero…
-No, si fuera así no hubiera seguido en Tenfield y Canal 12. Había diferencias económicas pero por otros asuntos. Lo que pasa es que acá a la gente le encanta hablar.
-¿Cómo te llevas con las críticas de la gente?
-Bien, en general. A veces alguna gente no mide y paspan. Hace poco exploté en La hora de los deportes con una persona que me mandaba constantemente mensajes al celular pero no sabía quien era. Le escribí, lo llamé, le pedí que se identificara. Como no lo hizo, di su número al aire. No me escribió más.
-¿Eres religioso?
-No, soy judío. Conozco y respeto esas tradiciones, se las transmití a mis hijos, y ya está. No soy ortodoxo, sino liberal. No creo, por ejemplo, en el conflicto entre Israel y palestinos, que los judíos sean los mejores del mundo y los árabes los peores. Hay fundamentalistas judíos y árabes.
DE LA CANCHA AL RELATO
Alberto Sonsol jugó en Atenas en primera división de Básquet y también al fútbol a nivel amateur. En 1984 comenzó con transmisiones de básquet, y en 1998 con las de fútbol.